anàlisis econòmico de Mèxico

México no se está quedando sin dinero. Se está quedando sin margen

Dedicamos más dinero a pagar el pasado y el presente, y menos a financiar el futuro

Por Viany Vargas

El verdadero riesgo económico no son las becas. Es haber creado obligaciones permanentes sin construir una economía suficientemente productiva para pagarlas

México no está quebrado… Todavìa

No estamos ante Venezuela. No estamos ante Argentina. El gobierno mexicano todavía puede financiarse, recauda billones de pesos cada año y conserva una economía enorme, integrada a Estados Unidos y capaz de atraer capital extranjero.

Precisamente por eso el problema es fácil de ignorar porque las crisis fiscales rara vez comienzan el día en que un país se queda sin dinero.

Comienzan mucho antes, cuando cada año una proporción mayor del presupuesto queda comprometida antes de que el gobierno pueda decidir qué hacer con ella y eso es exactamente lo que está ocurriendo en México.

La discusión política suele reducirse a dos relatos. Uno dice: “el gobierno está regalando dinero y destruyendo al país”.

El otro responde: “millones salieron de la pobreza, aumentó el salario mínimo y nunca se había apoyado tanto al pueblo”.

Los dos relatos omiten la pregunta verdaderamente importante:

¿Está creciendo la capacidad productiva de México lo suficientemente rápido para financiar permanentemente todo lo que el Estado mexicano está prometiendo pagar?

Los datos disponibles hasta 2026 apuntan a una respuesta incómoda: todavía no.

El problema comenzó antes de Morena. Esto es importante porque cualquier análisis serio debe reconocerlo.

México lleva gastando por encima de sus ingresos desde 2009.

El Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) identifica 17 años consecutivos de desequilibrios fiscales. La deuda pública amplia pasó de 31.4% del PIB en 2008 a 52.6% en 2025.

Por tanto, sería falso decir que Andrés Manuel López Obrador creó el problema.

Felipe Calderón terminó su administración con déficit. Durante Enrique Peña Nieto la deuda también aumentó considerablemente y la inversión pública disminuyó.

Lo que cambia después de 2018 no es la existencia del problema.

Cambia su composición

México entra en una etapa donde crecen simultáneamente las pensiones, las transferencias sociales, los apoyos a Pemex y el costo de una deuda cada vez mayor.

Y esas obligaciones crecen mientras la economía mantiene uno de sus problemas históricos más graves: produce poco crecimiento por trabajador.

CIEP advierte que la productividad laboral mexicana está actualmente por debajo de los niveles observados en 2005 e incluso por debajo de los registrados durante la crisis de 2009. Entre 2005 y 2031, utilizando las estimaciones oficiales actuales, la economía crecería aproximadamente 1.7% anual en promedio, fundamentalmente por incorporar más trabajadores y no porque cada trabajador produzca mucho más.

Ese detalle cambia todo. El Estado mexicano está envejeciendo antes de hacerse rico.

En 2026 México destina aproximadamente: $2.3 billones de pesos a pensiones.

Eso equivale a: 6% de todo el PIB nacional. Y el problema continúa creciendo.

CIEP advierte que la transición demográfica significará progresivamente menos trabajadores financiando a más personas que demandarán pensiones, salud y cuidados.

Esto no es simplemente consecuencia de los programas de Morena.

La mayor parte del gasto pensionario corresponde a pensiones contributivas derivadas de sistemas creados décadas atrás, pero los gobiernos recientes sí han agregado nuevas obligaciones no contributivas permanentes.

La Pensión para Adultos Mayores se universalizó y expandió; posteriormente apareció Pensión Mujeres Bienestar y otros programas.

En 2026, mientras las pensiones contributivas aumentan modestamente, CIEP calcula que las no contributivas aumentan 13.5% y Pensión Mujeres Bienestar 266%.

La discusión relevante no es si ayudar a los adultos mayores es moralmente correcto, es otra: ¿De dónde saldrá el dinero dentro de 10, 20 y 30 años?

Una pensión no se paga una sola vez, se convierte en una obligación recurrente.

Después están los intereses

México lleva años financiando parte de su gasto mediante deuda y la deuda cobra intereses.

En 2026, el costo financiero alcanza aproximadamente: 4.1% del PIB.

Eso significa que México destina actualmente más recursos al servicio financiero de la deuda que a salud o educación pública federal bajo las métricas comparables de CIEP.

El costo real de la deuda prácticamente se duplicó entre 2009 y 2026.

Y aquí aparece el mecanismo que vuelve peligroso un déficit persistente: déficit → deuda → intereses → menos presupuesto disponible → nuevo déficit → más deuda.

No necesariamente produce una crisis mañana.

Produce algo más silencioso: cada gobierno recibe menos libertad que el anterior.

La fotografía de 2026

Por cada $100 que produce la economía mexicana, aproximadamente:

$6 se destinan a pensiones.

$4.10 al costo financiero de la deuda.

Y solamente: $3.20 a inversión pública.

No significa que el resto del PIB pertenezca al gobierno; el PIB mide toda la producción de la economía. La comparación sirve para observar el peso relativo de estas obligaciones.

La relación es difícil de ignorar:

pensiones + intereses ≈ 10.1% del PIB.

inversión pública ≈ 3.2%.

México destina, por tanto, más de tres veces esa proporción del PIB a esas dos obligaciones que a inversión pública y eso importa porque una carretera útil, un puerto, una red eléctrica, infraestructura hidráulica, una universidad efectiva o conectividad digital pueden aumentar la capacidad productiva futura.

Un pago de intereses no.

Una pensión puede cumplir una función social indispensable, pero fundamentalmente financia consumo presente.

La economía necesita ambas cosas.

El problema aparece cuando las primeras crecen continuamente y la segunda termina convirtiéndose en la variable de ajuste y eso es precisamente lo que CIEP observa.

Para 2026 la inversión pública será aproximadamente 3.2% del PIB. Para 2030, las propias estimaciones gubernamentales utilizadas por CIEP la colocan alrededor de 2.6%.

Y entonces aparece Pemex

Durante décadas Pemex ayudó a financiar al Estado mexicano, ahora el Estado ayuda crecientemente a financiar a Pemex.

Entre 2013 y el primer semestre de 2024, CIEP calcula aproximadamente $1.58 billones de aportaciones patrimoniales a la petrolera.

Pero existe un cambio extraordinario después de 2018.

Entre 2013 y 2018: $476 mil millones.

Entre 2019 y 2024: $1.1 billones.

Más del doble.

¿A dónde fue ese dinero reciente? Aproximadamente:

62.9% → pago de deuda.

37.1% → infraestructura.

Eso significa que una parte considerable del dinero público destinado a Pemex no está creando nuevos activos productivos está pagando obligaciones anteriores y el problema continúa.

En 2025 Pemex recibió $396.2 mil millones de aportaciones de capital del Gobierno Federal.

Ese mismo año pagó aproximadamente $195.2 mil millones en impuestos y derechos.

Sólo comparando esos dos flujos, el Estado aportó unos $201.6 mil millones más de lo que recibió directamente de la empresa.

Pemex terminó aun así el año con una pérdida neta de $45.2 mil millones.

Durante el primer semestre de 2026 recibió otros $100.4 mil millones y registró pérdidas por $28 mil millones.

La producción de crudo permaneció alrededor de 1.37 millones de barriles diarios.

Hay una mejora real: la deuda financiera de Pemex se ha reducido considerablemente, pero buena parte de ese saneamiento está ocurriendo con apoyo explícito del soberano. El riesgo no desaparece mágicamente parte de él cambia de bolsillo.

“Pero México recibe inversión extranjera récord” Sí. Y aquí aparece otro ejemplo de por qué hay que mirar detrás del titular.

Durante el primer trimestre de 2026 México recibió US$23,591 millones de IED. Parece extraordinario, pero IMCO descompuso el dato.

Las nuevas inversiones cayeron 26.6%, mientras la reinversión de utilidades de empresas que ya estaban en México aumentó 14.35%.

Entre 2015 y 2017, las inversiones nuevas representaban entre 20.2% y 36.3% de la IED.

En el primer trimestre de 2026: 7.2%.

No significa que la IED sea falsa, significa que decir “tenemos inversión extranjera récord” no equivale a decir: “empresas de todo el mundo están construyendo nueva capacidad productiva en México a ritmo récord”. No es lo mismo.

El problema se vuelve circular

Aquí es donde todas las piezas encajan. México necesita crecimiento para financiar sus compromisos, pero para crecer necesita inversión.

Para atraer inversión necesita infraestructura, energía, seguridad, capital humano, agua, instituciones y certidumbre y todo eso cuesta dinero.

Pero una proporción creciente del presupuesto ya está comprometida en pensiones, intereses y otras obligaciones, entonces queda menos dinero para aquello que precisamente podría generar crecimiento.

El resultado potencial es un círculo:

más obligaciones permanentes

↓

menos espacio fiscal

↓

menos inversión productiva

↓

menor productividad

↓

menor crecimiento potencial

↓

menor crecimiento de ingresos públicos

↓

más necesidad de deuda o impuestos

↓

más intereses

↓

todavía menos espacio fiscal

Eso no es una hipótesis partidista, es una restricción presupuestaria, y ya estamos viendo el espacio desaparecer.

Durante el primer trimestre de 2026, IMCO calculó que solamente tres conceptos: pensiones contributivas + transferencias federales a estados + costo financiero absorbieron 61.1% del gasto neto total.

Para todas las demás funciones sustantivas quedaron 38.9%.

CIEP calcula para 2026 un espacio fiscal de apenas 1.9% del PIB después de considerar obligaciones y compromisos, y simultáneamente México mantiene enormes necesidades de inversión en agua, carreteras, electricidad, hospitales, escuelas, seguridad y digitalización.

La OCDE llegó en 2026 a una conclusión muy parecida: México necesita consolidar gradualmente sus finanzas, pero debe proteger precisamente las inversiones que elevan productividad —educación, digitalización, transición energética y seguridad— y fortalecer instituciones y gobernanza para recuperar crecimiento.

Entonces hagamos la pregunta incómoda

¿Qué ocurre si México continúa así?

No necesitamos imaginar un colapso, podemos utilizar las proyecciones existentes.

El FMI estima para México crecimiento real de aproximadamente:

2025: 0.5%

2026: 1.5%

2027: 1.8%.

Y simultáneamente calcula un déficit fiscal alrededor de:

2026: 4.2% del PIB

2027: 3.9%.

En su misión de octubre de 2026, el FMI advirtió que el presupuesto 2027 implica una consolidación más lenta y una trayectoria ascendente de deuda, y recomendó un ajuste más ambicioso acompañado de protección para infraestructura y salud.

Eso nos permite construir tres escenarios.

Escenario 1: México corrige

México consigue elevar inversión productiva, formalizar trabajadores, atraer nueva inversión, mejorar infraestructura energética y logística, controlar gradualmente el déficit y reformar pensiones y finanzas de Pemex.

El crecimiento potencial aumenta.

La deuda se estabiliza.

Los programas sociales continúan, pero se vuelven más focalizados y financiables.

Éste es el escenario donde un Estado social mayor puede ser sostenible.

Escenario 2: México sigue igual

El crecimiento permanece alrededor de 1–2%.

Pensiones continúan aumentando por envejecimiento.

Los programas permanentes continúan.

Pemex requiere apoyos periódicos.

El Estado mantiene déficit.

La deuda aumenta gradualmente.

No ocurre una explosión.

Ocurre algo más difícil de percibir: cada año hay menos dinero disponible para construir el México del futuro.

CIEP calcula que, si el endeudamiento no se controla adecuadamente y se incorporan presiones demográficas y financieras, la deuda amplia podría aproximarse a 58.9% del PIB hacia 2031.

Mientras tanto, las propias proyecciones utilizadas por CIEP indican que la inversión pública podría caer hacia 2.6% del PIB en 2030.

Ese escenario podría sentirse para un ciudadano como un deterioro lento: hospitales insuficientes; infraestructura envejecida; carreteras y agua con rezagos; mayor presión tributaria sobre la economía formal; servicios públicos que no mejoran proporcionalmente; menos margen para responder a una recesión o desastre; y generaciones jóvenes financiando obligaciones crecientes mientras reciben menos inversión pública por habitante.

No es espectacular. Precisamente por eso puede durar años.

Escenario 3: llega un choque antes de corregir

Una recesión estadounidense, crisis financiera, caída importante de exportaciones, mayores tasas, shock petrolero o cualquier combinación adversa golpea los ingresos.

Normalmente un gobierno respondería aumentando temporalmente gasto y deuda, pero cuanto menor sea su espacio fiscal inicial, menor será su capacidad para hacerlo sin comprometer la sostenibilidad futura.

Ésa es la razón por la que los países construyen “colchones fiscales” durante los años normales; México está consumiendo parte de ese colchón.

¿Significa esto que debemos eliminar las pensiones y las becas?

No.

Ésa sería una conclusión intelectualmente fácil y económicamente pobre.

Una beca que consigue que un joven termine la preparatoria puede producir enormes retornos económicos futuros.

Una pensión puede evitar pobreza extrema.

Un programa de nutrición infantil puede aumentar productividad durante décadas.

El problema no es gastar dinero en personas, el problema es no medir suficientemente qué produce cada peso gastado.

Una política social sostenible debería responder tres preguntas: ¿A quién ayuda? ¿Qué resultado produce? ¿Cómo se financiará dentro de veinte años?

Si no podemos contestar la tercera, hemos creado una promesa política que alguien más tendrá que pagar, tampoco podemos resolverlo simplemente cobrando más impuestos

México probablemente necesita una reforma fiscal. La OCDE y el FMI llevan años señalándolo, pero aumentar impuestos sin corregir productividad, informalidad y calidad del gasto sólo cambia dónde aparece la presión.

Más de la mitad del empleo mexicano continúa en informalidad, eso deja una base formal relativamente pequeña financiando una proporción muy importante del Estado.

El riesgo es terminar presionando cada vez más a quienes ya son visibles para Hacienda: empresas formales; profesionistas; trabajadores asalariados; consumidores formales.

Mientras una enorme economía permanece parcial o totalmente fuera del sistema.

Una reforma fiscal sostenible necesita ampliar la base, mejorar cumplimiento, revisar subsidios y gastos fiscales y, simultáneamente, demostrar que los recursos adicionales se transformarán en bienes públicos productivos.

El FMI recomendó este mismo octubre combinar mejor focalización de programas sociales, fortalecimiento duradero de Pemex, mayor recaudación y preservación de infraestructura y salud.

La verdadera pregunta no es cuánto dinero regala México

Es cuánto futuro compra con cada peso que gasta.

Ésa es la conversación que estamos evitando.

Podemos celebrar que una persona recibe una transferencia.

Podemos celebrar que Pemex reduzca deuda.

Podemos celebrar cifras récord de inversión extranjera.

Podemos celebrar que aumente el salario mínimo.

Todas pueden ser buenas noticias.

Pero ninguna responde por sí sola a la pregunta fundamental:

¿México está aumentando suficientemente su capacidad para producir riqueza futura?

Hasta ahora, los indicadores de productividad, inversión y crecimiento no permiten contestar que sí con comodidad.

Y mientras tanto las obligaciones siguen creciendo.

México no se está quedando sin dinero

Todavía. Se está quedando sin margen.

Margen para construir.

Margen para invertir.

Margen para responder a una crisis.

Margen para financiar hospitales y educación sin endeudarse más.

Margen para sostener a una población que envejece.

Y cada punto del PIB que mañana tenga que utilizarse para pagar intereses es un punto que ya no podrá utilizarse para construir infraestructura, mejorar seguridad, educar, investigar o invertir.

Ése es el verdadero riesgo.

No que mañana México despierte quebrado.

Sino que durante diez años continuemos diciendo que “todavía no pasa nada” mientras progresivamente dedicamos más dinero a pagar el pasado y el presente, y menos a financiar el futuro.

Porque entonces llegará un momento en que el ajuste ya no será opcional.

Habrá que escoger alguna combinación de: más impuestos; menos beneficios; menos inversión; más deuda; o una reforma profunda que finalmente consiga elevar productividad y crecimiento.

La única salida que permite evitar buena parte de las otras cuatro es precisamente la más difícil:

hacer que México produzca mucho más valor por trabajador, formalizar una economía gigantesca que sigue fuera del sistema, atraer inversión nueva y dedicar mucho más del presupuesto a aquello que aumenta la capacidad productiva futura.

No es una discusión entre izquierda y derecha. Es aritmética. Un Estado puede prometer muchas cosas, pero a largo plazo sólo puede sostener aquello que su economía es capaz de financiar.

 

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