Con dos golazos antológicos que combinaron frialdad en el área y un zapatazo al ángulo, la Selección Mexicana rompe la maldición de décadas y se mete a la élite mundial.
¡Histórico e inolvidable! En una noche que quedará grabada con letras de oro en los libros del fútbol mundial, la Selección Mexicana ha roto la maldición que la persiguió por décadas y, tras vencer de manera contundente a Ecuador, avanza por primera vez en su historia al ansiado quinto partido fuera de su territorio.
En una noche que quedará grabada con letras de oro en los libros del fútbol mundial, la Selección Mexicana ha roto la maldición que la persiguió por generaciones. Tras vencer de manera contundente 2-0 a su similar de Ecuador sobre la mítica cancha del Estadio Azteca, el Tri avanza de forma oficial a la ronda de octavos de final, alcanzando por primera vez en su historia el ansiado “quinto partido” bajo el nuevo formato de la Copa Mundial de la FIFA 2026™.
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El conjunto dirigido por Javier Aguirre disipó cualquier duda con una actuación magistral que combinó orden táctico, garra y una contundencia implacable en la primera mitad, congelando por completo el ímpetu de la escuadra sudamericana.
Rugido en el Azteca: Quiñones abre el camino
Desde el silbatazo inicial, el ambiente en el coloso de Santa Úrsula se sintió como una auténtica final. Ecuador intentó imponer sus condiciones físicas y velocidad por las bandas, pero la zaga azteca se plantó con una solidez impecable.
El grito de gol contenido por todo un país por fin se liberó en el minuto 22. Tras una gran jugada colectiva, Roberto “Piojo” Alvarado filtró una asistencia perfecta en profundidad hacia el sector izquierdo del área. Ahí apareció Julián Quiñones, quien controló con maestría y, ante la salida del guardameta Hernán Galíndez, sacó un derechazo impecable que se incrustó directamente en el ángulo superior izquierdo. El 1-0 hacía vibrar las tribunas y encendía la ilusión nacional.
La estocada final: El olfato goleador de Jiménez
Ecuador no terminaba de asimilar el golpe cuando el Tri asestó el impacto definitivo. Lejos de replegarse, México mantuvo la presión alta y aprovechó el desconcierto de la defensiva rival para liquidar el encuentro temprano.
Al minuto 31, apenas nueve minutos después del primer tanto, la fórmula de ataque volvió a hacer daño. El propio Julián Quiñones se vistió de asistente y habilitó de gran manera a Raúl Jiménez dentro del área. El histórico delantero mexicano hizo gala de su gran técnica institucional y, sin pensarlo dos veces, prendió el balón de pierna derecha para mandarlo al fondo de las redes, colocándolo de forma inapelable en el ángulo superior derecho para decretar el 2-0.
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El quinto partido ya no es un mito: Durante la segunda mitad, la escuadra nacional supo manejar los tiempos del partido y enfrió los intentos de reacción de un cuadro ecuatoriano que se topó con una muralla defensiva. Con el silbatazo final se desató la locura en la cancha y en las gradas: México pulverizó los fantasmas del pasado y se metió formalmente a la élite del balompié mundial.
