Colibríes y el vacío de obra pública estratégica en Edomex
Ana Liza en línea
Por Mariel Álvarez Sánchez
La rendición de cuentas favorece únicamente al oriente mexiquense
A propósito de los informes que están por rendirse, los balances oficiales sobre el Estado de México intentan maquillar una realidad innegable. Sin embargo, más allá de los discursos triunfalistas y los números alegres construidos para el aplauso, la revisión de la gestión de Delfina Gómez Álvarez revela un vacío alarmante: la obra pública estructural de gran calado es prácticamente inexistente en la mayor parte de la entidad, reemplazada cínicamente por un festín de brocha, pintura y rebranding institucional con un colibríe por aquí y otro por allá.
El símbolo supremo de esta administración no es una gran obra de infraestructura, sino la silueta del colibrí guinda. Ese colibrí se ha convertido en la marca registrada con la que el gobierno pretende disfrazar la mediocridad de sus resultados. Viejas unidades deportivas, mercados deteriorados, centros de salud desabastecidos y plazas abandonadas son simplemente retocados con una capa de pintura e intervenidos con el logotipo oficial del colibrí para venderlos a la ciudadanía como “grandes transformaciones”. Pintar una pared no es construir el futuro; es simular trabajo.
A este engaño visual se suma un marcado y faccioso desequilibrio territorial. El único favorecido con proyectos de mayor peso ha sido el Oriente mexiquense, el bastión político donde la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y la gobernadora Delfina Gómez se placean constantemente para supervisar obras. ¿Será porque ahí está el voto masivo?
Mientras tanto, el Valle de Toluca, el norte y el sur del estado sufren un abandono absoluto. En la capital y sus municipios conurbanos no hay proyectos viales de impacto ni soluciones reales; solo parcheos menores que ni siquiera disimulan el deterioro urbano. En el sur y el norte la situación es aún peor: hospitales sin medicinas ni médicos, pero impecablemente pintados por fuera con el alegre colibrí oficial.
Frente al evidente descontento, la estrategia desde la mañanera y el Palacio de Gobierno ha sido atacar la verdad. Se acusa a los medios de comunicación de mentir y se diseñan narrativas para intentar callar las voces críticas, buscando evitar que el reclamo popular se propague. Pero se les olvida un detalle: no todo lo que publica la prensa es falso, y definitivamente no todo lo que se vocifera desde el pódium presidencial es verdad.
El pueblo no come discursos ni se cura con pintura. La inflación estrangula los hogares con el alza en la gasolina y la canasta básica, las carreteras se caen a pedazos y las carencias en salud y educación son diarias, amén del despliegue infame de los cárteles delincuenciales que viven del miedo de los ciudadanos, de la extorsión y el secuestro. El informe de gobierno se acerca, pero ni miles de litros de pintura ni el colibrí guinda podrán tapar la evidente incapacidad para atender las necesidades del gobierno estatal.
Hasta aquí mi opinión, los escucho en mariroma34@yahoo.com.mx y nos leemos la próxima semana
