Ana Liza en Línea

El ocaso del periodismo en Edomex

Ana Liza en línea

Por Mariel Álvarez Sánchez

Gobernadora “hace el favor” de desayunar con medios, con austeridad republicana

Lo que mal empieza, mal acaba, y en el Estado de México, la relación entre el poder y la prensa parece haber entrado en una zona de penumbra que muchos no vimos venir. Recientemente, la Gobernadora encabezó una reunión con seleccionados medios de comunicación, un encuentro que, lejos de ser el puente de diálogo prometido, terminó por confirmar lo que en los pasillos de las redacciones ya se susurra con amargura: el equipo de prensa oficial se ha vuelto selectivo, poco profesional y se mueve bajo impulsos estrictamente personales.

Es urgente que la Gobernadora se entere —si es que no lo sabe ya— del trato que su equipo le da a quienes día a día buscamos la nota. Resulta irónico, por no decir trágico, que la administración de la “Cuarta Transformación” esté resultando más limitante que los tiempos del priismo más rancio, como Eruviel Ávila y Alfredo del Mazo, quienes por cierto, ya están en sus filas.

Recordamos con molestia las administraciones de Eruviel Ávila y Alfredo del Mazo, quienes abusaron de las vallas metálicas y del tristemente célebre “corralito” para evitar el contacto directo. Sin embargo, quienes pensaron —incluyéndome a mí— que con la llegada del nuevo régimen, gritando que es el del pueblo, esas barreras desaparecerían, nos equivocamos de medio a medio. Al contrario: se han multiplicado.

Las vallas semultitplicaron, ahora sitian Palacio de Gobierno permanentemente

Hoy, el Palacio de Gobierno del Estado de México luce permanentemente sitiado. ¿A qué le tienen miedo? ¿Por qué tanta seguridad en un gobierno que presume ser “del pueblo y para el pueblo”? Si la cercanía es la bandera, las vallas son la contradicción más evidente. Palacio ya no es la casa de los mexiquenses; es una fortaleza que marca una distancia física y simbólica infranqueable.

Como “premio” a la lealtad de los reporteros más afines, se les ofreció un desayuno tras haberlos ignorado sistemáticamente en fechas clave: no hubo atención el Día de la Libertad de Expresión, ni en Navidad, ni en Reyes. ¿Qué hubo de “novedoso” en este encuentro? Nada más que la oportunidad —casi concedida como un favor divino— de acercarse a la Gobernadora.

Ahí, en ese desayuno de “esfuerzo”, la mandataria demostró la austeridad republicana con la que gobierna, pero también la enorme brecha que su equipo ha cavado. Por primera vez en el año, les concedió la gracia de contestar preguntas a unos cuantos elegidos, mientras el resto de la prensa observa cómo el profesionalismo es sustituido por el amiguismo y el filtro personal de sus comunicadores.

En fin, este es el trato para la prensa y, por extensión, para el pueblo mexiquense. Porque mientras el discurso habla de puertas abiertas, las vallas permanentes marcan los límites. Y en política, lo que ni se ve ni se toca, simplemente no existe. El ocaso del periodismo libre en el Estado de México ha comenzado, y lo hace detrás de una reja de metal.

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